El poder al desnudo
Julio Santoyo, 11/01/2026

El poder al desnudo
Morelia, Mich.
Atrás de los miles de discursos encendidos y miles de palabras agresivas que se lanzan en el mundo contemporáneo entre izquierdas, derechas, centros y más, hay un actor que estando detrás del telón atiza las discordias con esos bonitos cuentos de lo que es y será el mundo. Cubre su desnudez con el vestuario de narrativas ampulosas y hasta mesiánicas. Ese actor que se mueve tras las sombras confusas de la metralla ideológica es el poder.
El poder necesita de la ideología, de cualquier ideología, para cubrir los instintos y pasiones más cuestionables y vulgares del ser humano para ejercer dominio sobre el otro, sobre los demás, en nombre de los demás. Ahí donde hay un grupo social existen relaciones de poder y narrativas que lo justifican; ahí donde hay naciones el poder es cuestión de vitalidad que los políticos lo elevan al nivel de asunto existencial; se ven precisados a inventar narrativas ideológicas sofisticadas para ejercer el control.
La pugna ideológica entre derechas, izquierdas, centros y otros, es una faramalla que cumple la función de ocultar y justificar la manera en que un líder o una elite ejercen el poder. Mientras las personas se pelean a rabiar por la ideología, otro u otros están manipulando sin pudor los hilos del poder económico, de las instituciones, continúan acumulando más poder y reduciendo, y si se pudiera desapareciendo las capacidades cívicas que los regulan; maniobran para tirar los ordenamientos fundamentales del contrato social porque al poder le estorban. El bien común y el poder tiranizado siempre chocan.
Desde hace décadas el pensador Norberto Bobbio señalaba que derecha e izquierda dejaron de ser categorías de análisis y funcionan más bien como identidades emocionales. Y es que en lugar de mirar el espectáculo de coloridas y apasionadas emociones que el poder monta para distracción de las sociedades debemos aprender a poner nuestra mirada más allá de ese escenario y descubrir los rasgos fríos y calculadores del poder.
O sea, es imprescindible desentrañar e identificar los rasgos que tiene el poder que promueve semejante teatralidad. Si buscáramos definir la desnudez del poder para comprender cuáles es su condición y los riesgos existenciales que una sociedad debe afrontar, cualquiera que lo haga se encontrará con estas esencias: egolatría, absolutismo, hambre de totalidad, goce de la subordinación, aspiración económica ilimitada, culto a la personalidad y anhelo por la deificación, control de la historia, centralización extrema de la administración, maniqueísmo y promoción del odio, uso de lo militar como apéndice doméstico, y, persecución de la crítica, de los opositores y de los ciudadanos.
Como se podrá ver, cualquiera de estas esencias ha estado y están presentes en los regímenes de derecha, de izquierda, de centro u otros. La ideología es solo la vestimenta, es el "frac" que se calza el poder, para parecer elegante, civilizado y hasta ético. Decía Bakunin "si eliges al revolucionario más ardiente y le concedes poder absoluto dentro de un año será peor que el propio Zar". No solo la derecha, como lo puede ser D. Trump se comporta como Zar, igual lo hace en Irán el dictador teocrático, el Ayatolá Alí Jamenei, en nombre del islam; también las dictaduras latinoamericanas que se dicen de izquierda en nombre de la liberación y el pueblo; los liderazgos de la ex URSS terminaron refundiendo y asesinando en los gulag a miles de ciudadanos críticos en nombre del socialismo; el dictador rumano Ceausescu, un día antes de su caída a manos de multitudes inconformes anunció la nueva etapa del socialismo, como último intento para vestirse de ideología y cubrir las inmundicias de su gobierno, pero no le valió su pueblo ya había visto la cara desnuda del poder.
Todo poder porta en su genética el impulso del control absoluto y para hacerlo necesita lograr que los gobernados, en primer lugar, sustituyan la realidad por la ideología y de ahí dar el paso crucial para hincharse, acotar y en su caso eliminar el pensamiento diverso. No existe el poder bueno en sí mismo. También Bakunin advertía, "el poder corrompe incluso a las personas más nobles y justas."
Como el poder es una relación, y su existencia solo es tangible cuando se ejerce, quiere decir que el rostro de todo poder puede moldearse antes de que se convierta en el monstruo que repugnamos y podemos padecer. El medio natural para hacerlo es la participación de la ciudadanía en la política. Todos los asuntos públicos son competencia de todos los ciudadanos y el mecanismo, sin más, para evitar la deriva absolutista del poder, sea de izquierda o de derecha, es la democracia.
Debemos entonces afinar la mirada y despojarnos de prejuicios ideológicos para que, por arriba de la diatriba enajenante de derecha-izquierda, que todo lo invade y lo confunde, enfoquemos la vista para mirar al desnudo el cuerpo del poder, identifiquemos quiénes lo ejercen, cómo lo ejercen, para qué lo ejercen y quiénes se benefician de él.
El mejor antídoto contra el poder absoluto y autoritario, en México, en América y en todo el mundo, es la democracia. Debe entonces, cumplirse con lo que sí es natural: a todo poder le corresponde una resistencia. Con la democracia se debe hacer crecer el poder libre e independiente de los ciudadanos para evitar que el poder de uno o unos cuantos se expanda. Mientras más poder se distribuya entre los ciudadanos mayor justicia y mejores condiciones para que el poder rinda cuentas y se vayan sus personeros si están fallando.